Cuando conoció a Orión, aquella noche extraña de verano, el tigre estaba tan triste y borracho que daba miedo acercarse a él. Las costillas parecían estar clavadas en el lomo y sus ojos... sus ojos eran invisibles.
Caminaba el pobre bicho por el orbe confundiendo las nebulosas, tratando de morderlas con sus encías doloridas. Flaco y con el pelo revuelto, las rayas del lomo se confundían con sus heridas.
Orión no sintió pena. Tomó entre sus manos enormes la cabeza del animal y miró hacia dentro. Apartó el dolor, la tristeza y el hambre del tigre para encontrar fuerza detrás de sus ojos rasgados.

El tigre no pudo siquiera quejarse ante el atrevimiento del cazador. Se dejó acariciar el lomo y le devolvió la mirada. Adivinó su juventud, su seguridad y su alegría. Gruñó suavemente. Entonces Orión sonrió encantado, se metió al tigre en el bolsillo (era tan alto) y se fueron juntos, de la mano, a dar un paseo mientras aún fuera de noche.
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Ando escuchando precisamente las naves que arden...que bonito niñeta. Lo tuyo, obvio.
esta constelación fue una inspiración para conocer otras nuevas, y que pillan cerca.
cerca tiene un montón de ovejitas desPLEYADAS cuidadas por un toro.
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Mira la niña escribiendo ésto...en pijama mira las estrellas, reconoce a Orión y al tigre y venga...
Pobre tigre en la semana de los ojos rasgados
Una noche me descubrieron la constelación de Orión y su historia. Fue bonito... tu post.
besoss
Bonita historia niña. Hace que merezcan la pena muchas cosas.