Ella todavía recuerda como encajarse perfectamente en mi cadera derecha. Se replega como un koala y coloca sus manos y pies pegajosos como ventosas en mi cuerpo hecho a su medida.

Inventa palabras y cuentos en los que el personaje principal entra en un bucle* espacio-temporal infinito en el que queda atrapado sin remedio (como engelson) hasta que ella, buenamente, lo decide.

Ej: El tototilo te tome a la araña,
la araña se tome al tototilo,
el tototilo se
tome a la araña...

Es lista, demasiado lista. Es la cómplice perfecta para mis adúlteros calcetines. No es raro verla escondiéndolos a pares dispares, e incluso a tríos, en los cajones, entre los libros o dentro de su pañal.

Puede ser una diabólica destripadora de pinzas, una amantísima madre de sus muñecas, una gruñona que me obliga a gritos a estar contenta (TONTENTAAAA!), una solícita enfermera capaz de agudizar su tono de voz sin límite.

Y sus poderes extrasensoriales no dejan de aumentar con el tiempo. Ahora no sólo consigue esto, sino que, además, ha aprendido a encender una fiesta de cumpleaños siguiendo el curso de la cerilla con sus pupilas...