Suave
Una mañana me despertó un francés que tocaba el contrabajo en la habitación de al lado. Yo tenía pelo en los labios y el cuerpo revuelto. soñé que hacía malabares con un cuter abierto retando a quien que me miraba a que no iba a cortarme.- Yo no me corto- le decía. Y el cuter hacía círculos sobre mi cabeza y se deslizaba rápido como un tiburón imponente hacia mi mano abierta justo cuando empezó a sonar el contrabajo del francés y abrí los ojos.
Otro día, un montón de chiches -o una sola pulga graciosica- hicieron una caminito de puntitos rojos por mi espalda hacia la rosa de los vientos del lomo.
(¿lomo? lomera deslucida... con cantos gastados y cejas rozadas... páginas en doble columna y piel de papel biblia... cubierta de pasta española.... eso...eso.... ejem, párrafo para libreros)
el lomo... eso.
Hay días en los que he dormido en colchones en el suelo en una casa con paredes húmedas y suaves, Una casa en la que había una parada de autobús con pájaros naranjas avisando desde la sala.
Señal señalando sin decir nada. Si acaso un ... mírate... estás ahí.
Entre la Avda. América y la plaza del Boquerón.
Y yo me lo repito un par de veces...
mírate... estás ahí.
Aquí.
