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La Coctelera

blue thing

aquella tierra de pájaros...

Categoría: mentirijillas

23 Noviembre 2006

¿y que te dice?

Los niños movían los pies subidos en el león gris tocando con los dedos el techo blandito del cielo. Pol despegó un trozo suave y lo mezcló con nubes de abajo, formó una especie de pájaro y se lo lanzó a Narade, que ya estaba haciendo malabares con 7 u 8 bolas de colores cogidas de un arco iris que acababa de nacer en Helsinki. Al pasar por Ecuador cogieron aire dorado y lo mezclaron con plasti verde boreal y empezaron a hacer dibujos como los que hacían a escondidas en la libreta de matemáticas.

Más abajo, en la ciudad de Veteasaber, de pronto se hizo un gran silencio. El viento habia cesado y las mecedoras respiraban tranquilas. Los padres, eso sí, miraban al cielo continuamente, esperando ver aparecer de un momento a otro a alguno de sus críos. No sabían lo que había sucedido ni lo que iba a pasar y algunos estaban un poco nerviosos. Forraron las calles, estadios y agujas de campanarios con papel de embalar de burbujitas porque sabían que tarde o temprano todo cae por su propio peso.

(todos los padres saben eso y lo repiten continuamente con el índice agitado)

Miraban al cielo con sus collarines y veían como empezaba a cambiar de color. a lo lejos, muy lejos, ráfagas lila se mezclaban con lunares gordos de color mandarina y líneas parabólicas dibujadas en color verde semáforo... estaban completamente desconcertados.

Mientras, en alto, los remolinos de colores empezaban a moverse y a mezclarse por su cuenta. Pol guiñó un ojo a Narade y ella sonrió con los mofletes llenos de churretes de colores. Los niños hacían de riendas para el león ventolero, pero este resoplaba cada vez más y más cansado, sin querer defraudar a los niños cherokis de colores que pedían más y más espirales.

Narade fue la primera en escuchar un silbido que subía a lo lejos desde Oriente... un silbido como de tetera a reventar que se hacía cada vez más profundo y agudo. Pol señaló hacia un caracol-col color gominola que habían modelado unos niños y que de pronto parecía estar lleno de puntitos. Se derretía despacito en forma de miles de gotas de colores.
En unos segundos todo el cielo que cubría Veteasaber se convirtió en gotas de colores que se movían de aquí para allá como locas.

Los niños pensaron que ya era hora de volver
a casa y el viento resopló con las últimas fuerzas que le quedaban para llevar todo ese cielo líquido y a los niños a la ciudad de Veteasaber, a calmar a los padres ansiosos...

Al principio aquello parecía una lluvia corriente y moliente. Pero cuando el gato del piso Deallí se volvió fosforescente y el bigote del señor de la tienda Deacá se giró hacia arriba para azulearse después, todos comprendieron que el asunto se salía de lo común.

Los que abrieron la boca bajo la lluvia fueron los primeros en volverse entericos de colores y también los primeros en ver el látigo-rienda-de-niños que bajaba desde el techo.

El cielo se fue volcando despacito sobre todos los vecinos de Veteasaber y la félida ventolera finalmente se fue a dormir a alguna rama del trópico. en hamaca paraguaya, seguro.

Así pues, después de todo este rollo, la paz y la tranquilidad volvieron a la pequeña ciudad de Veteasaber.
.
Las peluqueras y los pilotos volvieron a no tener tema de que hablar, más que para recordar viejos vientos.
.
Narade y Pol volvieron a dibujar a escondidas en la libreta de matemáticas... aunque ahora todas las Oés parecían piratas y las K mariposas.
.
Los padres, ay, los padres. Pues ellos dejaron las piedras tranquilitas en el suelo, donde deben estar y se hicieron los formales... aunque todos los niños sabían que detrás de las orejas, ahí, bien escondidos, todavía guardaban trocitos de arco iris.

y colorín colorado, este cuento se ha acabado... hala!

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21 Noviembre 2006

La idea de Narade

No tardaron en convencerlos de que se bajaran de la antena, pues de todos es conocida la afición de los niños por el Elemento Marrón. Fueron despegándose con cuidado de los cables eléctricos bien amarrados por las manos, empujados por ráfagas intermitentes de aire bien cabreado y formando una hilera de niños encadenados como muñequitos de papel.

Allí abajo, en el suelo, los padres miraban atentos el cielo a cada instante. Los padres olvidaban como hacerse bien el nudo de la corbata y las madres se colocaban torcida la falda de punto inglés. Las salas de consulta de urgencias comenzaron a llenarse de afectados por torticulis y de chichones con forma de pared de farola. La situación comenzaba a ser insostenible en el Hospital de Veteasaber cuando se escuchó un grito matérnico que venía de la sala 146 que decía... Mirad! mirad! es un látigo!

Efectivamente, una fina línea oscura agitaba el gris del cielo y fileteaba las nubes, que salían disparadas balando como locas. Los niños bien agarrados de pies y manos se movían firmemente por el aire dirigidos por Narade. La hija del tirititero pasaba todos los veranos columpiándose en tramoyas y aprendiendo cosas útiles para la vida. Por ejemplo, aprendió a domar sombreros inquietos, hormigas estresantes y grillos atolondrados con lo que adquirió un sorprendente manejo de látigos, sillas de madera y bigotes poblados.

La ventolera, mientras, seguía con el mosqueo temporal, revolviéndolo todo. Las peluqueras y los pilotos encontraron, repentinamente, un tema de conversación en común, sí. Curiosas amistades surgieron a partir de este extraordinario suceso...

pero no nos desviemos...

El aire beligerante se arremolinó cogiendo forma, moldeándose. Cada vez más denso, iba tomando forma de un gigantesco león grisaceo.
El látigo niñil comenzó a restallar mientras se acercaba más y más al monstruo. Los padres se mordían los puños de las camisas y se tapaban los ojos con las corbatas para no mirar. Y justo en el instante en el que estaban a punto de chocar y chasquear la fiera ventolera y los niños, narade giró la muñeca timón de su amigo pol y el enorme látigo formó una cadena, el león resopló haciendo mucho mucho ruido y se coló por debajo de las piernas de los niños subiéndolos hacia arriba practicamente sentados en el lomo... como un avión.

ay.

Subieron hacia arriba sentados en el viento durante mucho tiempo, suavemente, como en ascensor. Al traspasar la capa de nubes encontraron una capa de estrellitas minúsculas y luego por fin el techo.

un techo azul y blandito. de plastilina.


(tengo haaaaaaaabre)

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21 Noviembre 2006

El cielo está blando

(cuento para susurrar a un niño debajo de un edredón en una noche de tormenta)

En la pequeña ciudad de Veteasaber la vida era tranquila y pacífica. La gente común se dividía en Padres e hijos. Los padres curaban heridas, llevaban a los hijos al cole y conducían con cuidado. los niños jugaban con pelotas y gatos y los gatos con los ovillos y niños, como en cualquier ciudad de cuento.

Como en toda ciudad de cuento, un buen día sucedió algo inesperado y sorprendente. en este caso, una gigantesca ventolera comenzó a azotar valles, ríos y ciudades como un terrible mosqueo temporal sacudiendo hasta el asfalto de las calles, las cortinas de las casas y agitando las cejas y mofletes de la gente común. Los padres, viendo que el asunto climatológico tenía para rato, idearon una estrategia para continuar con su vida tranquila y pacífica: Colocaron piedras en los bolsillos de sus hijos para que pudieran ir al colegio con toda normalidad. Asunto arreglado.

Los niños no estaban muy conformes con esta decisión porque se quedaron sin lugar dónde guardar las canicas, chapas y pequeños objetos misteriosos que encontraban por la calle. Pasaron varios días refunfuñando sin éxito y finalmente se callaron.

Entre todos esos niños, había uno bastante espabilaillo. Se llamaba Pol y tenía cara de pájaro. Un día, durante el camino al cole, Pol tuvo que dejar en el suelo cuatro canicas, una de ellas azul y mate... mate!.También dejó pasar una flor volcánica roja y un chicle de color verde limón. Eso, de por sí, lo tenía bastante cabreado, pero lo que realmente le erizó el flequillo fue tener que pasar al lado de un pequeño artefacto dorado de los que traen las cajas de música, esos que parecen cestitas con salientes que en realidad son partituras para agujas ciegas...esos... esos...

y no cogerlo.

Como es lógico, Pol se enfadó un poco. Se le encendieron los mofletes y las orejas se le volvieron rojas. Con los ojos medio inclinados cruzó la verja de entrada al patio del colegio y se situó justo en el centro. Se metió las manos en los bolsillos y fue sacando sin pestañear una piedra tras otra tras otra tras otra...

En ese momento el aire comenzaba a apretujarse en una especie de remolino, que giraba y se comprimía tomando fuerza y velocidad sobre la cabeza de Pol. En unos segundos lo golpeó casi agarrándolo por los brazos y lo levantó del suelo hacia los tejados y las copas de los árboles.
Todos los niños del patio del recreo se quedaron patidifusos y empezaron a sacarse las piedras de los bolsillos y a abrir los brazos en cruz para volar como pájaros. En un momento el cielo estaba lleno de niños giratorios desconcertados y muertos de risa.

y los padres muertos de miedo con sus pies bien agarraítos al suelo.

Al principio, algunos niños no sabían lo que hacer en el aire, hubo uno que se quedó con el culo enganchado en una veleta y otro que intentaba mover sus brazos como un helicóptero y acabó enredado entre sus propios brazos...

Pol comprendió que así no se llegaba a ningún lado y buceó entre las nubes hasta encontrar a su amiga Narade.

(Narade era hija de un tirititero y sabía un montón de trucos)

Cuando la encontró, Narade trataba desesperadamente de dar la vuelta a un paraguas para irse a cazar sombreros. Pol no tuvo problemas para hacerle cambiar de plan. Solo le dijo tres palabras y la sonrisa de Narade fue definitiva: Te daré chocolate.

Se dieron la mano y bucearon hacia una antena de telefonía móvil en la que había apostados unos cuantos niños.

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22 Agosto 2006

con la frente quemada

Y en esto que entra rompetechos por la puerta y se dirije a mí muy resuelto a pedirme cierto libro. le miro atentamente el bigote y luego la calva, luego el bigote y luego la calva. El risueño visitante hace como que afina el cristal de sus gafas y se coloca frente a la estantería para ayudarme en la búsqueda.

y en esto que entra rompetechos por la puerta y se dirije a mí con el rostro agobiado como por una infinita tristeza. Tiene las cejas caídas y una mueca seria bajo el bigote, como si su boca hubiera brotado entre surcos rugosos descendentes. Como una lechuga silvestre, por ejemplo. chof.

Los dos rompetechos se encuentran en la sección de literatura francesa y se miran de arriba a abajo. la calva y el bigote... y así, otra vez.

Se rascan las gafas casi a la vez y el risueño sonríe. Coje a Adriano y a sus recuerdos con una mano y se aleja por el pasillo caminando a saltitos pequeños. Paga y se va.

El rompetechos tristón roza suavemente los tomos multicolores y se detiene frente a un Rojo y negro con los cantos rozados y la cubierta despegada. Al final acoge a Lucrecia Borgia de Saint Laurent, vestida de tela verde con dorados. Cubierta gastada. 6 €.

Así da gusto volver...

volveeer...

Tags: rompetechos

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23 Febrero 2006

Descarte de los procedimientos tradicionales de olvido y evasión

Para moverse un miercoles noche en la Taberna de Michael Landon es fundamental agarrase a un eje giratorio conversacional. Como las puertas de los hoteles...

(Estoy segura de que esa carilla que se le pone a todo el mundo cuando caminan despacito por ellas mientras empujan se debe a que piensan exactamente lo mismo que pienso yo)

...Miro de frente a Rosita, niños zebráticos pasan por detrás y cuando quiero darme cuenta mi espalda ya toca la pared. -Si estiro los brazos sirvo de perchero.- le digo.

- Sergio, cada vez que te veo tienes más cosas colgadas en tu cuerpo.

Es lo que tiene, me dice. Qué te pido, bonita, ¿una sin alcohol?

- No, hoy no. Pídeme tres crevezas especiales, todas con alcohol, con mucho alcohol, y vete desenmpolvando el José Cuervo que hoy vamos a darle un tiento. Chiqui, tira los dados por mí ahora, que me la juego. Vamos a hacer malabares con María, como los jipis y sus perros...mmm ¿y si le robo la piruleta a algún niño de estos?.

Si, Sergio, sin alcohol.

En la vuelta a Siberia camino deprisa porque hace mucho frío. Sonrío porque sé que no voy a volver al Landon en mucho tiempo.

Algo ha cambiado.

Me pica la espalda a la altura de los homoplatos.

¿Me lo hago mirar?

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